miércoles, 7 de diciembre de 2016

El ideal femenino: represión y limitación de la libertad.

El presente ensayo abarca un análisis de la obra La señora Dalloway escrita por Virgina Woolf, la cual narra la historia de una mujer inglesa llamada Clarissa Dalloway, quien da una fiesta un día en la noche y en donde, además, se cruza con otra narrativa, referente un hombre participante de la ya acaba Primera Guerra Mundial, llamado Septimus, el cual se suicida producto de la locura propia de la post guerra, hecho que marca a Clarissa. Este personaje describe, mediante el fluir de la conciencia, experiencias pasadas mezcladas con el presente, plasmando así, sus pensamientos, experiencias, amoríos y en general, su vida pasada y actual, dando origen a una serie de personajes que hablan y piensan con un monólogo propio, como es el caso de Peter, antiguo amante de Clarissa. Dicho esto, a continuación se presentará un análisis en torno a la representación de la mujer presente en la obra y específicamente, en los pensamientos de los personajes.
La imagen de la mujer en la obra mencionada, representada por las creencias y opiniones expresadas por los personajes, y sobre todo, por el perfil de la protagonista, Clarissa Dalloway,  da cuenta de la posición que tiene la mujer en la sociedad, es decir, la obra refleja el sometimiento femenino en cuanto a diversos factores, tales como la dependencia económica en el matrimonio, la escasa participación en problemas políticos y sociales, y la represión sexual expresada en la limitada libertad de expresión de Clarissa. Por lo tanto, dicha obra demuestra la importancia del cuidado de una imagen superficial en torno a un ideal de mujer, siendo esto un eje en el actuar de los personajes femeninos.
En primer lugar, se contextualizará con la posición de la autora Virgina Woolf en torno a la imagen de la mujer en el siglo XX en Inglaterra, es decir, en el período posterior a la Primera Guerra Mundial. Esta autora escribió una serie de críticas y conferencias frente a la dominación masculina y al trato hostil de las mujeres, las cuales se encontraban privadas de participación política y se valorizaba en cuanto a la sexualidad, la maternidad y su desempeño en el cuidado del hogar. Es por ello que este trato hacia la mujer impide un vivir libre y se inserta en lo profundo de los sentimientos, oprimiendo así el actuar creativo y el desarrollo personal y profesional de las mujeres del siglo XX. Además, Virginia se caracteriza por presentar en su vida una serie de problemas psiquiátricos, llevando consigo una depresión profunda y dentro de la cual la opresión a la mujer escritora juega un papel fundamental, tal como se menciona a continuación, “Pero la revisión de estas ideas durante todo un año, salpicada por los encuentros feministas y sus conferencias, entremezclada con sus problemas de salud, no dejan lugar a dudas de una toma de conciencia que, si bien no sería nueva para ella, el hecho de explicitarla en un largo ensayo, pudo ser una causa concurrente a su profunda depresión” (Errázuriz).
Ante esto, Virginia plasma en sus obras las críticas en torno a lo dicho, tanto en lo expresado en la obra analizada, lo cual se observará en los apartados siguientes, como en el texto El cuarto propio, en donde explicita las limitaciones de las mujeres en torno al contexto socio-político, tal como señala  a continuación, “Pero era absolutamente imposible que una mujer de la clase media, sin otra cosa que cerebro y carácter, participara en alguno de esos grandes movimientos que, integrados, conforman la visión histórica del pasado” (Errázuriz), lo cual directamente a la incapacidad de ejercer las habilidades literarias y artísticas y excluyéndolas así de la historia y del pasado de la humanidad, quedando estas acciones para los hombres.
En segundo lugar,  en cuanto a la obra, se plasma dicha imagen de la mujer en los personajes femeninos, específicamente en Clarissa Dalloway, quien centra sus pensamientos de manera melancólica en vivencias del pasado y estereotipos arraigados dentro de ella, tal como se presenta en la siguiente cita, “(…) repitió deteniéndose un instante ante el escaparate de una tienda de guantes en la que, antes de la guerra, cabía comprar guantes casi perfectos. Y su viejo tío William solía decir que a las señoras se las conoce por sus zapatos y sus guantes” (Woolf). Además, Clarisssa dependía económicamente de su marido Richard, el cual le otorga el estatus y el posicionamiento socioeconómico alto,  representado así, a una mujer encargada de la apariencia y de la mantención de ella, centrándose en lo superficial y en el aspecto del hogar, ya que era utilizado para establecer vínculos sociales mediante la ejecución de fiestas.
Ante lo dicho en los apartados anteriores, Clarissa mantiene una presión constante, en donde debe condicionar su actuar a la opinión de los otros, lo cual causa en ella una infelicidad y melancolía, debido a su limitada libertad de actuar y a su labor de mantener una apariencia de mujer ideal. Esto se ve expuesto en el la siguiente frase, ““(…) ella no hacía las cosas simplemente, no las hacía por sí mismas, sino para que la gente pensara esto o lo otro, lo cual le constaba era una perfecta estupidez” (Woolf), demostrando así su descontento ante un actuar forzado y condicionado a otros.
En tercer y último lugar, la represión sexual de la mujer se representa en la duda de Clarissa ante su propia sexualidad, ya que explicita una atracción hacia otra mujer, poniendo en claro su bisexualidad reprimida y prejuiciada. Esto se observa en la siguiente cita, “Le dolía, sentía escrúpulos cuyo origen sólo Dios conocía, o, quizás, eso creía, enviados por la Naturaleza (siempre sabia); sin embargo, a veces no podía resistir el encanto de una mujer, no de una muchacha, de una mujer (…)”. (Woolf), lo cual demuestra su culpabilidad ante dicho sentimiento. Además de aquello, se encuentra la relación con el personaje Sally, en donde Clarissa asegura haber estado enamorada de dicha mujer, siendo esto un recuerdo positivo, lleno de felicidad y cariño, lo cual reafirma el sentimiento de gratificación ante tal experiencia de liberación.
Además de lo anterior, Sally representa el pensar político oprimido de la mujer, estando presente en los recuerdos de Clarissa, las conversaciones sociales llenas de ideologías que mantenían. Siendo esto también, dentro del ámbito privado de ambas mujeres, demostrando sus limitaciones de ejercer acciones sociopolíticas en el aspecto público. Tal como se presenta en la siguiente cita, “Hora tras hora estuvieron sentadas, hablando, en el dormitorio del último piso de la casa, hablando de la vida, de cómo iban a reformar el mundo. Querían fundar una sociedad que aboliera la propiedad privada (…)”. (Woolf), lo cual describe la manera clandestina en que se dan las conversaciones, aludiendo así, la escasa y mal vista participación política y social de la mujer de dicha época. Ante esto, Sally, siendo la representación de una excepción del ideal de mujer, es catalogada dentro de la obra, como excesiva e impertinente, fundamentando aún más la postura tradicional ante el actuar atípico del género femenino.

A modo de síntesis,    la obra literaria presentada expone la visión de Virgina Woolf ante la represión hacia la mujer, las limitaciones y restricciones de libertad que deben vivir en aquel contexto histórico, y como ello imposibilita las capacidades creativas e intelectuales que poseen. Por lo tanto, los personajes femeninos de La señora Dalloway representan el ideal colectivo de la imagen de la mujer, las sanciones morales y prejuicios infundados que reciben al actuar o pensar de manera distinta.

Bibliografía:
Errázuriz, Pilar. «¿Aún le temen a Virginia Woolf? Una reflexión sobre el cuarto propio.» Revista Universum N° 25 Vol.1, I Sem. (2010): 60- 72.

Woolf, Virginia. La señora Dalloway. Buenos Aires: Lumen, 2003.

Autora: Darinka Figueroa

    







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